viernes, 25 de abril de 2014

Sorpresa en Madrid

Por Lemay Padrón Oliveros 

El Real Madrid acaba de cerrar una semana mágica, en la cual levantó el primer trofeo de la era Ancelotti y derrotó al Bayern Munich en el duelo de ida correspondiente a las semifinales de la Liga de Campeones del fútbol europeo: dos triunfos que no estaban en los pronósticos.
Por la Copa del Rey, el favorito era el Barcelona, porque los merengues no habían sido capaces de derrotar a ningún quipo grande esta temporada, y además no podrían contar con su estrella: Cristiano Ronaldo. Sin embargo, el encuentro celebrado en el estadio valenciano de Mestalla fue testigo del nacimiento de un nuevo ídolo merengue, ya apodado Gareth Bolt, por su vertiginosa velocidad de piernas. El gol que definió el torneo de Su Majestad quedará grabado para siempre en la videoteca de los mejores autopases de la historia del fútbol, allí al ladito de aquel de Fernando Redondo hace una década, para asistir a Raúl González y eliminar al Manchester United en la Liga de Campeones.
La segunda victoria no fue menos inesperada, porque enfrente tuvieron al que era, y sigue siendo, el máximo favorito para levantar la Orejona este año, el Bayern de Pep Guardiola. Los bávaros tuvieron un abrumador dominio de la pelota, y triplicaron tanto los tiros a puerta como los de esquina, pero los ibéricos mandaron en la que quizás sea la única estadística verdaderamente importante en el fútbol: el marcador.
Un electrizante contragolpe guiado por los portugueses Cristiano y Fabio Coentrao fue rematado como mandan los cánones por el francés Karim Benzema, y así subió el único tanto del encuentro. Corría apenas el minuto 19, y muchos esperábamos el aluvión de los germanos, pero este se diluyó en movimientos y pases demasiado previsibles, que se estrellaron una y otra vez ante el muro blanco.
Toni Kroos no es Thiago Alcántara, y los equipos entrenados por Guardiola necesitan de un mediocampista fino, como fue él mismo, para ser letales. Este Bayern no tiene a un Xavi Hernández ni a un Iniesta, y si para colmo, se deja en el banco a alguien tan peligroso e incisivo como Thomas Muller, se reduce considerablemente el poder de fuego de los tanques teutones.
Al final pesó más la historia ganadora de Ancelotti contra el Munich que el pasado tenebroso del Madrid ante este club y la imbatibilidad de Guardiola en el Santiago Bernabeu. Por cierto, segunda derrota consecutiva de Pep contra el Real, porque su despedida en el Barca fue aquel 1-3 que encarriló el título liguero de Mourinho.
Los merengues saben que no pueden cantar victoria todavía, porque el choque de vuelta será durísimo, pero haber dejado en cero a sus rivales es un gran mérito, sobre todo porque en esta Champions ellos solamente dejaron de marcar en la vuelta ante el Borussia Dortmund, cuando llevaban una ventaja decisiva del duelo de ida. El próximo martes veremos si los alemanes retoman su disfraz de Bestia Negra, o los españoles dan un paso decisivo hacia la anhelada Décima.

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